martes, 8 de julio de 2014

Atragantada por el dolor...



Herida por siempre. Dolida en vida.
Atragantada por una rosa que me atraviesa la garganta.
Apenas puedo permitirme respirar.
Cuando te pienso, cuando te espero, cuando te sueño...
cuando sé que no estás mi vida por días se escapa a la tuya.
Es como un reencuentro. No dejarte marchar.
Olvidar ese echar de menos. Abrazarte y reír, reír a carcajadas.
Cantar. Cantar jotas contigo, soltar algún refrán.
Esperarte. Buscarte con la mirada perdida en el cielo,
perdida en el mar, perdida hasta en sueños.

Has sido ese amor entregado que apenas pedía a cambio mas que una sonrisa, una buena palabra. 
Siempre lo he hecho, siempre me ha parecido poco para lo que mereces, siempre seré tu niña, siempre eres mi madre...aunque ya no estés.

Siempre mantuve que el amor de una madre no se puede tener dos veces ni tampoco perderlo. Sería demasiado ....Siempre mantuve que la cercanía hace el cariño, que el abrazarte, el rozar esa piel de mujer que solamente te envía sonrisas hasta en tu peor momento , es primordial. Siempre mantuve que vivir sin ti nunca sería lo mismo. Sé que no hace falta que te lo diga, sé que lo sabes, sé que no necesitas halagos en demasía, sé que te conformas con que te recuerde, con que no te olvide...pero los mereces. Nunca sabría expresarte bien cuánto te necesito, cuánto!!

Mi garganta atravesada por esa herida clavada no cicatriza. En ocasiones parece que duele menos, en ocasiones parece que sé disimular mejor. En ocasiones mantengo la compostura. En ocasiones, lloro desconsoladamente.

No me hace falta extenderme más para decirte, hoy y siempre que te quiero. Que te llevo en mi corazón día a día, que eres esa persona, mi madre, con quien he compartido si no los mejores momentos, parte de ellos. Que siempre me tendrás contigo y en ti, porque es imposible que las madres mueran. Nunca mueren del todo, sé que su corazón les guarda un rincón muy especial. Muy especial...

El tuyo está pegado a mí. Permíteme ser esa sombra que me enseñaste a ser. Permíteme que cada día te extrañe. Y, como me enseñaste, permíteme que continúe sonriendo al mundo mientras mi vida continúa atragantada, mientras en ocasiones la alegría se torne extrañeza. Mientras hay espinas que se niegan a dejarte respirar. Que me atragantan..

Hoy y siempre, mi mejor "te quiero" mamá.


Imagen: Yung Chen Lin